
Al final del gallinero, en el tercer patio que era de tierra, había un árbol (en realidad había hartos árboles, pero para este cuento se necesita sólo uno)... no recuerdo qué clase de árbol, pero nosotros, cabros chicos inquietos, no tardamos en encontrarle una utilidad pues tenía una rama muy adecuada desde donde se podría colgar un trapecio sin problemas. Siempre andábamos inventando alguna aventura y esta vez, nos inspiramos en el circo y los trapecistas. De modo que fabricamos nuestro trapecio y lo colgamos del árbol. Como medida de seguridad, el Coke, el mayor, más serio y más juicioso de los hermanos, decidió que era oportuno picar y tamizar la tierra bajo el trapecio, de modo que quedara blandita y si caíamos (ja ja ja... ¿caer nosotros?), no nos haríamos daño.
Comenzó el juego y cada uno tomaba su turno de colgarse de las “patas”; con una mano; girar en la barra... la idea era inventar la pirueta más difícil para ganarse la admiración de nuestros espectadores que, generalmente, eran las mellizas.
El “lilo” tenía una agilidad simiesca y nos impresionaba con sus contorsiones balanceándose colgado del famoso trapecio... qué bien lo pasábamos y a nadie se le ocurrió caerse.
Una tarde de esas tantas (¿íbamos al colegio?), llegó papá a visitarnos y como él era actor, obviamente nos importaba su opinión respecto de nuestro quehacer artístico-acrobático, así es que, entusiasmados, quisimos mostrarle nuestro invento apenas llegó. Corrimos hasta el escenario y el Lilo, que era el más talentoso de los tres, se colgó del trapecio para que lo viera papá. “Mira, papá –gritó el lilo, al tiempo que se colgaba de los pies quedando cabeza abajo- tu hijo va a ser trapecis.....................” y se vino al suelo con trapecio y todo. Por suerte habíamos picado y cernido la tierra para que quedara blandita por si uno tenía la mala suerte de caer. Cuando el lilo se levantó, tenía la cara llena de tierra, porque, claro, cayó de hoci, pero no perdió el hilo de la frase que había comenzado, pues levantando la cara dijo “ta”.Creo que nunca se nos ocurrió reparar el trapecio ya que el siguiente lo colgamos del nogal, pero alguien se desplomó de él... esa caída tuvo consecuencias más desagradables porque el accidentado cayó sobre su espalda de modo que el doloroso golpe le cortó la respiración. Pero nosotros no hacíamos caso de sus desesperantes quejidos porque, ¿cómo le íbamos a creer si era la segunda vez que se caía? y nosotros, muertos de la risa, pensábamos que era una más de sus tantas actuaciones, pero fue real y parece ser que eso puso fin a nuestras aspiraciones circenses.
3 comentarios:
Hola! muy buena la historia del trapecis-ta, jajaa. Al tata se le debe haber desfigurado la cara!!
Siempre le pasaban cosas a ese Álvaro.
Oye hay muchas más fotos en nuestro blog de viaje (no en el mío personal).
Revisa allá.
Pobre abuelita digo yo!
Que locura tener tres hijos tan locos!
Bueno otra historia de esa casa es cuando mi mami hiso caca en el techo! jajaja, no me se muy bien todo el cuento pero se que algunos de ustedes tambien estaban metidos en la historia! jejejeje
Y es cierto a Álvaro le pasaron muchas cosas, creo que era el mas pelusín!
Me encantan estas historias locas!
Muchos Cariños!
jajajaja...
que historia mas divertida..
me rei a carcajadas....
mi papi siempre nos contaba sus historias pero esa no la conocia.
me acuerdo de una donde se hiso como que se caia arriba de un techo tambien de un arbol! pero fue pura broma.. y cuando la abuelita y el coke y todos se dieron cuenta que no le habia pasado nada le sacaron como siempre la.... de esa historia me acuerdo yo. espero leer mas historias divertidas como esta!
Saludos.. y grax por postear...
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